deslove

AMORLESS

Creyendo que arderían
en hogueras finales
tu cuerpo y tu aventura
perdidos, si purgaba
de tan densa memoria
la plaza y la avenida,
regresé a los aularios
de septiembre, lacrados
con tibia calma ahora,
recorrí un duro dédalo
de tumultos y músicas,
llegué a los dos portales
de nuestros cinco encuentros,
y, hallándote en las voces
aún flotantes que herían
la piedra y la arrasaban,
mientras iba cumpliendo
la jornada sus horas,
el invierno sus ritos
y el agua su tormenta,
me venció a cada paso
lo dulce y lo abundante
de la ciudad y el año,
y no admití latido
que no me diera fiebre
ni noticia de ti
que no atrajera sombra.
Y, espectro castigado
sin azar y sin mundo,
en viaje doloroso
me adentré por la ruina.

Christian Law Palacín. Algo menor que el corzo. Pre-textos. 2009. 8€

primo

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:

Considerad si esto es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.

Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas al vuestros hijos.

O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

Si esto es un hombre, Primo Levi. Editorial Quinteto. 8,50€

el futuro de la literatura / incentivos al consumo

¿Es ésto lo que nos espera? Podría ser peor… supongo (?)

Por cierto, que aquí no es. No hemos llegado (aún) a este extremo.

el rayo que no cesa

Lo sé, igual es una tontería, pero es que estas cosas me hacen tan feliz.

más y mejor

La felicidad está en los pequeños detalles, sobretodo si son abundantes.

suministros industriales

Alguien ha llegado hoy a la conclusión de que como habemus libros sobre pintura, podríamos tambien tener… ¡Aguarrás!

Se abre así, un nuevo horizonte de posibilidades mercantiles: ¿deberíamos ofrecer armas, sogas, etc, en la sección de novela negra? ¿Alguna sugerencia? Please, do.

the book of Daniel

Tengo mis sentidos exacerbados. Rondo por la casa percibiendo las distintas luces del día. Bebo el aire. Saboreo la comida que como. Cada momento de mi vigilia se ha intensificado y sé exactamente qué ocurre. Una gigantesca máquina ocular, como el misterioso aparato negro en el planetario de Hayden con los dos extremos en forma de escafandra y los remaches negros y las patas de insecto, dirige lentamente su haz planetario hacia nosotros. Y eso es lo que trae el cielo oscuro y el tiempo frío. Y cuando llegue a nosotros, se dentendrá, como el reflector de un campo de concentración nazi. Y quedaremos inmovilizados, como la mujer lanzada por encima de la valla del patio del colegio, entre la sangre y la leche mezcladas y las botellas rotas. Y a nosotros la sangre nos dolerá como si hubiera en ella cristales. Y bajo el haz de luz hará calor y nuestra casa olerá y humeará y adquirirá un color marrón en los bordes y arderá succionada por un gran estallido de llamas.
Y eso es exactamente lo que ocurre.

E.L. Doctorow, El libro de Daniel. Miscelánea, 2009.

Salinger is dead.

Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adonde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno.

Descanse en paz, Jerome David, y a ser posible en lugar desconocido.

de tripas corazón

Una semana después del entierro de Liam, observo el cuerpo de mi marido. Dormido. Vivo. Necesito verlo entero. Es una noche cálida. Retiro rápidamente las mantas y él se mueve y enseguida vuelve a quedarse quieto.
Tom está triste mientras duerme. Tiene las manos juntas bajo la barbilla. Sus piernas son tan largas y recias que, más que doblarse, parecen partirse a la altura de la rodilla. El hueco bajo las costillas asciende levemente hacia una barriga pequeña, y el cojín del escroto descansa en la V de sus muslos. Tiene la piel muy blanca.
Recuerdo haber hecho el amor con este cuerpo: una nube de vello alrededor del puente del pene, cuando lo miraba desde arriba; la pequeña bóveda de la axila, como una nave sin iglesia, cuando lo miraba desde abajo. Eso fue en los primeros tiempos, cuando nunca nos saciábamos el uno del otro y él seguía una línea de lunares alrededor de mi cuerpo, haciéndome rodar mientras avanzaba, hasta que yo caía de la cama al suelo.
Recuerdo el tamaño y la firmeza de sus clavículas bajo la camisa una noche de lluvia, en los primerísimos días, cuando no se trataba tanto de hacer el amor como de matar al otro o dejarse matar.
Y ahora está aquí, en nuestra cama, vivo todavía. El aire entra y sale de sus pulmones. Las uñas de los pies le crecen. Sus cabellos encanecen en silencio.
La última vez que lo toqué fue la noche del velatorio de Liam. No sé qué me pasa desde entonces, pero ya no creo en el cuerpo de mi marido.

Anne Enright, “El encuentro“, Lumen, 2009.

Nuevas adquisiciones

Mañana toca ordenar:

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