Archivo para 27 diciembre 2009

llorar en una estación de tren (con ganas)

Hace años, yo deambulaba melancólica por calles mal iluminadas, anhelando dolorosamente algo, no sabía qué, intentando pasar inadvertida, con mi ropa sin gracia y mis tacones torcidos: subrepticia y sigilosa, esperaba atrapar ese algo por sorpresa. Pero era entonces tímida y asustadiza, y aunque esperaba, no hallaba la fe. Imaginaba un pájaro en la mano, no este mar salvaje que me sacude como a los restos de un naufragio.

El amor me posee, y no tengo alternativa. Cuando el Ford traquetea hasta la puerta, con cinco minutos (cinco años) de retraso, y él cruza el césped bajo los pimenteros, permanezco de pie detrás de las cortinas de gasa, incapaz de moverme para ir a su encuentro, o de hablar: estoy convirtiéndome en líquido para invadir cada uno de sus orificios en cuanto abra la puerta. Tenaz como un pájaro recién nacido, todo boca con su único deseo, cierro los ojos y tiemblo, esperando el paraíso: va a tocarme.


Elizabeth Smart, “En Grand Central Station me senté y lloréEditorial Periférica.

destino

Entonces fue cuando supiste que la vida estaba inventando algo para ti, que la narrativa era para disculparse. Entonces fue cuando supiste que Dios había levantado la vista del ganchillo, que quizás incluso se había levantado de su puta mecedora de mimbre y por fin había ido tambaleándose hasta la ventana para mirar.

Lorrie MoorePájaros de América” Ed. Salamandra.

ser o no ser… punk

Porque imagina que se te rompe algo, el vaso, por ejemplo, ese vaso que tiras sin querer, y la gente se limita a traer una bayeta para el agua y una escoba para los cristales. Pero imagina que tú no quieres la bayeta. Querías ese vaso. Te importaba ese vaso. No entiendes que esté roto. Y entonces te pones a recoger los cristales uno a uno. Y tratas de pegarlos. Aunque, claro, mientras haces eso, se te ha olvidado secar el agua con la bayeta. Y tambien se te ha olvidado la hora que es. Y, encima, hay veces que las cosas se rompen en siete trozos y vale, las puedes pegar. Pero a veces se rompen en cien o más. ¿Entonces qué haces? Pues lo que él hacía era intentar pegarlas de todas formas. No abandonaba, aunque en el suelo hubiera cuatrocientos trozos. Y al final, sin querer, acababa dejando tirada a mucha gente, porque él estaba con el vaso.

Deseo de ser punk. Belén Gopequi

inauguración, en almería en corto,

de la videoinstalación “3000 horas de luz” realizada por Lola Parra.

que podréis contemplar en toda su gloria en el Instituto de Estudios Almerienses desde hoy hasta el martes (luego hay que irse a Arboleas).

literatura experimental

…esa literatura en la que no soy capaz de identificar una historia y no me gusta ninguno de los personajes. Para mí estaba claro que con lo que experimenta la literatura experimental es con el lector, y eso es algo de lo que Hanna y yo podíamos prescindir perfectamente.


El lector” de Bernhard Schlink