Archivo para 19 marzo 2010

educación libre

En torno a la isla del Zar –pues así seguía llamándola la gente, pese a la agria reprobación de algunos republicanos– había pequeñas calas abrigadas donde se escondían pozas sombrías y profundas, oscuras y tan tentadoras como peligrosas. El Borrachón pensaba que yo no las conocía y, con la satisfacción de un explorador introduciéndome en las misteriosas profundidades de los cálidos mares del Sur, me permitió zambullirme en ellas, por supuesto bajo su mirada vigilante. Él ni sospechaba cuántas clases de búlgaro o de aritmética me había costado la habilidad de deslizarme con los ojos abiertos bajo la superficie del agua, agarrándome a las raíces de los álamos a lo largo del río. Después de colocar mis gafas encima de mi ropa y mi cartera escolar junto a la orilla, me encantaba hundirme en lo profundo del frescor transparente para observar a los pececillos que, asustados, desaparecían por algún agujero levantando pequeñas nubecillas de arena.

Supongo que debió ser entonces cuando falté a las lecciones sobre las declinaciones, los participios y las ecuaciones de segundo grado, porque incluso hoy me cuesta apañármelas en estas materias. Desde luego, esto no me impidió vivir; mucho más dramáticas habrían sido para mí las consecuencias de no haber observado embelesado los peces juguetones que se sumergían en la arena del fondo, entre los reflejos movedizos del sol.

Angel Wagenstein, Lejos de Toledo, Libros del Asteroide, 2010. 18,95€

a contrapelo

A los ricos la comida les llega al estómago, pero a los pobres nos llega también al corazón.

János Székely, Tentación, Lumen, 2007. 29,90€

slumber

You have not known what you are, you have slumber’d upon yourself all your life,
your eyelids have been the same as closed most of the time,
what you have done returns already in mockeries,
(Your thrift, knowledge, prayers, if they do not return in mockeries, what is their return?)

The mockeries are not you,
underneath them and within them I see you lurk,

o lo que pretende ser lo mismo:

No has sabido en qué consistes, has dormitado sobre ti mismo toda tu vida,
tus párpados han estado en mayor parte igual que cerrados,
lo que has sido regresa ya como parodia,
(tu frugalidad, tu sabiduría, tus suplicas, si no rinden en parodia ¿Cuál es su provecho?)

La parodia no eres tú,
bajo ella y en su interior te veo acechar,

Walt Whitman, To You, Leaves of Grass, 1891.

el arma cargada de futuro

-Por favor, hermano musulmán-supliqué-. No soy más que el hijo de un conductor de rickshaw de la Oscuridad. Háblame de la poesía. ¿Quién escribió ese poema?
Él meneó la cabeza, pero yo continué halagándolo y diciéndole lo hermosa que era su barba, lo limpia que era su piel (¡ja!) y lo obvio que resultaba por su nariz y su frente que él no era un porquero cualquiera convertido a la fe, si no un fiel musulmán que había llegado volando con su alfombra mágica desde la Meca… Él gruñó de satisfacción. Me leyó otro poema, y otro más, y me explicó la verdadera historia de la poesía, que es una especie de secreto, una magia sólo conocida por los hombres más sabios. Señor primer ministro, no diré nada nuevo si digo que la historia del mundo es la historia de una guerra psicológica de diez mil años entre los pobres y los ricos. Cada bando intenta eternamente engañar al contrario. Y así ha sido desde el principio de los tiempos.
Los pobres ganan algunas batallas (se mean en las macetas, les dan patadas a las mascotas, etc.), pero los ricos, por supuesto, llevan diez mil años ganando la guerra. Por ello, algunas sabios, movidos por la compasión hacia los pobres, decidieron un día dejarles una serie de signos y símbolos en poemas que hablan en apariencia de rosas, de hermosas doncellas y de cosas parecidas, pero que -correctamente entendidos- entrañan secretos que permitirían al hombre más pobre de la Tierra concluir esa vieja guerra psicológica de diez mil años de un modo favorable para él.

Aravind Adiga, Tigre Blanco, Miscelánea Editores, 2008. 18€

confines

Ahora venía el sablazo. El señor Hache no podía ver burro sin que se le antojara viaje. El señor Hache sonreía y sonreía, pero no dejaba de ser un reptil en pantalones. Quién sabe cuál era la relación del duro éste con su madre. Sabía que no se hablaban, pero lo atribuía a soberbia de poderoso. Alguien le había chismeado que la Cora y él eran parientes, alguien más que tenían un disgusto atorado, sin embargo ella nunca había preguntado porque si la Cora no le había dicho por algo sería. Pero Makina podía sentir la mala obra flotando en el ámbito. Ahora venía el sablazo.

Yuri Herrera, Señales que precederán al fin del mundo, Periférica, 2009, 14€

got to go

El viejo y parduzco Chicago, con las penumbras que envuelven los trenes elevados y las hurañas putas que se pasean por la calle y los extraños tipos medio del Este, medio del Oeste que van al trabajo y escupen en la calle. Neal estaba de pie en el restaurante frotándose la panza y mirándolo todo con suma atención. Quiso hablar con una mujer negra de edad mediana que había entrado en el local diciendo que no tenía dinero pero sí unos panecillos, y que por favor le dieran un poco de mantequilla. Meneaba las caderas, y, cuando la mandaron a paseo, se fue moviendo el trasero.
-¡Fiuuu! -exclamó Neal-. Vamos a seguirla, y nos la llevamos al Cadillac en el callejón. Los tres podemos pasarlo de maravilla.
Pero abandonamos la idea y nos encaminamos hacia North Clark Street, después de darnos una vuelta por el Loop, para ver los locales de chicas y oír Bop. Y Dios, qué noche…
-Ah, Jack -me dijo Neal, de pie ante la puerta de un bar-.Mira esos viejos chinos que andan por Chicago. Qué ciudad más rara… ¡Fiuuu! Y aquella mujer de la ventana de allá arriba, mirando hacia abajo con las tetas fuera del escote del camisón. Unos ojos grandes, a la espera. ¡Fiuuu! Jack, tenemos que ir, tenemos que ir y no parar nunca hasta que lleguemos.
-¿Y adónde vamos, Neal?
-No lo sé, pero tenemos que ir.

Jack Kerouac, En la carretera (El rollo mecanografiado oiriginal), Anagrama, 2009. 19.50€