Otros, en sus memorias, acaso se hubiesen quedado a plantar cara, y no cabe duda de que si esas memorias estuvieran escritas acaso se hubiesen salido con la suya. Por otra parte, yo soy un poeta que tiene la verdad por constante compañera, por amante fiel y por camarada de armas, así que eché a andar y práctimente a correr, y fui corriendo precisamente a donde me dijeron que debería estar. A fin de cuentas, ¿qué orgullo se puede tener con la nariz sangrando, con el labio partido, con el ojo morado? Para el poeta no hay más orgullo que el que se tiene cuando uno vive para contarlo.

Peter Manseau, La biblioteca de los sueños rotos. Duomo Ediciones.

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