Archivo para 27/10/10

los cachorros de la guerra

–Hace frío–dijo Marge.
Hicks encontró el interruptor de la calefacción al lado de la puerta del cuarto de baño y lo puso al máximo. Le resultaba difícil apartar la vista de las olas.
–Hay que joderse con el puñetero viento–protestó ella.
Se sentó en la cama cerca de Marge y le dio un masaje en los hombros, pero su cuerpo siguió tenso. No tenía modo de saber hasta qué punto estaba enferma de verdad. Durante un tiempo Hicks había fumado mucho opio, pero no le había costado demasiado dejarlo. No sabía nada del dilaudid.
–Escúchalo–dijo Marge–. Es pura crueldad.

Robert Stone, Dog Soldiers. Libros del silencio.