Posts Tagged 'novela'

si alguien quiere darte un disgusto, no lo cojas.

Luego, después de haber caminado durante al menos una hora, habíamos ido a parar a un campo, a doscientos o trescientos metros de unos edificios en construcción, donde nos habíamos besado y habíamos estado rodando por la hierba, hasta que yo, que padecía una fuerte alergia al polen, entre la emoción que me producía estar con ella, las flores que había entre la hierba y mi respiración agitada, había empezado a hincharme, y mi piel a jaspearse de un modo que daba asco verme, y a ahogarme a causa del asma, y así, de repente, mientras le decía que tenía que irme cuanto antes de aquel campo para no morir ahogado, nos dimos cuenta de que eran ya las cinco de la tarde, porque aquel día la luz era una verdadera locura y no se iba nunca, y lo cierto es que ninguno de los dos se hubiera podido imaginar nunca que habíamos estado seis o siete horas dándonos el lote.

Ugo Cornia, Sobre la felicidad a ultranza. Editorial Periférica.

Canas al aire.

Aunque esto me atormentó durante algún tiempo, al final comprendí que obsesionarse con distinguir nítidamente entre realidad e imaginación era un error operativo y conceptual que además conducía a la neurosis. Entendí que era más razonable -y también más exacto- considerar que la imaginacióin es un sexto sentido, tan fidedigno o engañoso como los demás. Al fin y al cabo, la vista también nos juega a veces malas pasadas. Hasta la razón nos resulta en ocasiones poco fiable, sin que por ello desconfiemos por principio de nuestros análisis o nos arrepintamos de tener circunvoluciones cerebrales. Cada vez me preguntaba menos si lo que veía cuando miraba una situación o me fijaba en un individuo, si todo lo que sabía de esa manera tan natural era verdad o mentira. Aprendí también a controlar los flujos de información y a cerrar la llave de paso cuando el torrente crecía demasiado y amenazaba con arrastrarme. Y dejé de torturarme. Bien utilizados, los datos imaginarios podían ser tan últiles como los que me suministraba el resto de mis sentidos o mi propia razón. Empecé a disfrutar de lo que imaginaba y a descubrir sus ventajas.

Antonio Orejudo, Un momento de descanso. Tusquets Editores.

literatura fina

suponte que estás en tu ataúd, o en tu lecho de muerte, y estás ahí, mano sobre mano, esperando que pase algo, y de repente, de la forma más sobrenatural, ves una cosita que sale así, que sale de ti, y revolotea desmañandamente por la habitación, y un par de vueltas y se escapa por la puerta, o por la ventana entreabierta, y te das cuenta de que es el alma, con sus alitas y todo, y que se va, que se va sin ti, y que tú no eras el alma, que no estabas en el alma, que estabas en el cuerpo, y que te quedas

celso castro, el afinador de habitaciones. libros del silencio.

el arma cargada de futuro

-Por favor, hermano musulmán-supliqué-. No soy más que el hijo de un conductor de rickshaw de la Oscuridad. Háblame de la poesía. ¿Quién escribió ese poema?
Él meneó la cabeza, pero yo continué halagándolo y diciéndole lo hermosa que era su barba, lo limpia que era su piel (¡ja!) y lo obvio que resultaba por su nariz y su frente que él no era un porquero cualquiera convertido a la fe, si no un fiel musulmán que había llegado volando con su alfombra mágica desde la Meca… Él gruñó de satisfacción. Me leyó otro poema, y otro más, y me explicó la verdadera historia de la poesía, que es una especie de secreto, una magia sólo conocida por los hombres más sabios. Señor primer ministro, no diré nada nuevo si digo que la historia del mundo es la historia de una guerra psicológica de diez mil años entre los pobres y los ricos. Cada bando intenta eternamente engañar al contrario. Y así ha sido desde el principio de los tiempos.
Los pobres ganan algunas batallas (se mean en las macetas, les dan patadas a las mascotas, etc.), pero los ricos, por supuesto, llevan diez mil años ganando la guerra. Por ello, algunas sabios, movidos por la compasión hacia los pobres, decidieron un día dejarles una serie de signos y símbolos en poemas que hablan en apariencia de rosas, de hermosas doncellas y de cosas parecidas, pero que -correctamente entendidos- entrañan secretos que permitirían al hombre más pobre de la Tierra concluir esa vieja guerra psicológica de diez mil años de un modo favorable para él.

Aravind Adiga, Tigre Blanco, Miscelánea Editores, 2008. 18€


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